Para niños en riesgo, nuestros corazones abiertos

El hogar ha pensado en este espacio, para compartir información y conocimientos técnicos sobre cómo manejar algunas etapas y procedimientos involucrados en el desarrollo diario de los niños.

 

Envidia y celos de los hijos

La rivalidad fraterna es una experiencia absolutamente común e incluso necesaria dentro del desarrollo de los niños que forman parte de una misma familia. 

La llegada de otro hermano suele ser incómodo, molesto e incluso perturbador para algunos niños más que para otros, porque deja ver que se produce una herida narcisista cuando se piensa en que los padres van a compartir su tiempo e ilusiones también con otro ser humano.

Cada hermano, desde su diferente lugar en el orden de nacimiento, porta diversas protestas fraternas. Podemos citar algunos ejemplos claros de esta rivalidad en casos como cuando un hermano visita en la clínica a su recién nacido hermano y dice lo siguiente: “-¿Ya salió el hermanito? ¿Después lo ponemos adentro de vuelta?”.

Algunos niños acusan directamente a sus padres de no quererlos a ellos tanto o lo suficiente, comparándose con la manera en la cual se quiere o se trata a otro hermano o hermana.

Nosotros como padres debemos tomar en cuenta las palabras del niño y auto examinar nuestras emociones, es posible que el hijo que se atreve a decir esto pueda estar leyendo algunos actos como “actos de amor” versus otros que no le hacen sentir, que tiene importancia o el lugar que el desearía tener. Es necesario darnos cuenta que el hecho de que un niño NO diga cosas como las anteriormente citadas, no es condición de la ausencia de reconocimiento, de las diferencias en el trato y el dolor que éstas pueden causar.

Es importante no desestimar los sentimientos del niño. Deberíamos como adultos ser capaces de escuchar lo que siente y pensar en las implicaciones de esto, quizá, es posible que tenga algo de razón. 

Clínicamente es bastante sencillo de ubicar que la realidad de que todos los hijos son queridos de la misma manera y de forma equitativa NO es una constante, más bien casi nunca es posible que todos los hijos generen los mismos sentimientos en ambos padres, y que el trato sea exactamente igual.

El lugar que ocupa cada hijo, el momento del nacimiento en el cual ha llegado, las condiciones en las cuales se generó la procreación más un sin número de dificultades particulares de los padres respecto a su propia infancia, rasgos físicos o ideales se ponen en juego ante el nacimiento de un hijo. Según Luis Kancyper, Psicoanalista, escribe en el texto “El complejo fraterno y sus cuatro funciones”:

“La clínica psicoanalítica revela y corrobora que, con notoria frecuencia, suele ser el hermano menor el que intenta descubrir, conquistar y cultivar los nuevos territorios; mientras que el mayor suele asumirse como el epígono de la generación precedente, sobrellevando el           ambivalente peso de actuar como el continuador y el defensor que sella la inmortalidad de sus predecesores.”

Como padres debemos tomar en cuenta estas implicaciones y procurar no violentar a ninguno de nuestros hijos haciéndoles sentir la exclusión o disminución que pueden provocar las insatisfacciones que tenemos en ciertos momentos ante nuestras propias condiciones vitales como padres, las cuales, se ven puestas de manera injusta y de manera violenta sobre la figura del hijo quien NO puede ser situado como el culpable de los sentimientos que los padres tenemos, más bien es una persona inocente sobre la cual se está descargando las frustraciones que se activan bajo ciertas condiciones.

* Gabriela Salazar Canelos, Psicoterapeuta

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